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Buen Sabor Luego de 30 Años Por Jaime Torres Torres endi.com Noticia salió publicada: 6/23/2002 En el anfiteatro Tito Puente nunca se había visto un espectáculo como el que Raphy Leavitt escenificó el viernes en conmemoración del trigésimo aniversario de su orquesta La Selecta. Las rutinas teatrales, la profundidad de su libreto, los efectos especiales, el repertorio y la manera tan hábil con que combinó la música, la poesía y el drama le cualifican para incursionar con la producción Treinta años después en un escenario del prestigio de Bellas Artes. Leavitt, los músicos de La Selecta, sus cantantes Sammy Marrero y Carlitos Ramírez, la compañía Agua, Sol y Sereno, los raperos Tito & Héctor, el cuatrista Prodigio Claudio, el guitarrista Manolo Sastre y el trovador Andrés Jiménez unieron sus talentos en un concierto de un gran valor cultural que, como una ofrenda, depositaron en las manos del pueblo, representado por una entusiasta concurrencia estimada extraoficialmente en cuatro mil personas. La música de La Selecta ha trascendido décadas y ge-neraciones. El secreto de su longevidad estriba en su contenido. En un momento en que la salsa de los 70 le rindió culto al tambor, a las deidades de la religión yoruba, al machismo y a las situaciones más insignificantes de la vida, el pianista y compositor de Puerta de Tierra irrumpió a la escena con un nuevo discurso que rápidamente capturó la atención del pueblo. No hay otra orquesta que haya alcanzado el nivel de empatía e identificación con la masa que distingue a La Selecta. Porque, en su discurso atemporal, le canta al hombre sacudido por un desengaño que, como el Payaso, representado perfectamente por Sammy Marrero, ríe por no llorar. Porque le canta a la tacita de Café colao de cada mañana, a la belleza del Flamboyán y al Soldado que derramó su sangre lejos de su patria. Ese es el 'son' de La Selecta, una orquesta con identidad propia que el viernes reafirmó la nacionalidad puerto-rriqueña en cada pregón; en las coreografías de los zancos y cabezudos de Agua, Sol y Sereno; cuando los jóvenes Héctor & Tito invocaron a El Buen Pastor por un Puerto Rico mejor; en las décimas que Andrés Jiménez entonó en Jíbaro soy y en las imágenes de Roberto Clemente, Tito Puente, Rafael Hernández y Raúl Juliá proyectadas durante La cuna blanca, composición inspirada en su fenecido trompetista Luisito Maisonet que se ha anclado en el corazón del pueblo. El espectáculo, deslucido ocasionalmente por problemas técnicos, fue grabado para un disco en vivo. Temprano ayer La Selecta viajó a Estados Unidos para amenizar el baile del Desfile Puertorriqueño de Chicago. El lunes regresará a San Juan y durante la semana su director Raphy Leavitt podría anunciar la fecha de la reposición de Treinta años después en Bellas Artes. |
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